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Ricardo Perez Alfonseca

La Sangre Que Frutece

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La Sangre Que Frutece

Poesia

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LA SANGRE QUE FRUTECE

No se sabe dónde yacen muchos

¿qué importa?

¿Para qué saber un lugar preciso

si están en todas partes?

En cada terrón del campo,

en cada hoja matutina o vespertina,

en cada arroyo de largas piernas dulces

donde el camarón y la biejaca duermen

y son atrapados por el hambre de los niños,

en cada río de boca abierta

a los astros, a la selva y a los hombres.

Están en todas partes.

Desde el limo y las cenizas han subido,

suben y habitan la heredad.

Están en todas partes.

En el piafar de los caballos rutinarios del monte

que llevan una sarta de sudorosas estrellas en las crines,

en las montañas donde el aire grita y sabe a exterminio

en cada noche y cada día.

Están en todas partes.

Nos miran eternamente.

Nos hablan eternamente.

Su risa está en el viento cimarrón de las lomas.

Hablan por el agua que acarrean las campesinas.

Yo beso sus rostros

en las frágiles corolas salvajes

que al viento se dan como banderas.

La yerba no puede doblegarlas:

el sol las mantiene de pie y las nutre.

Hay una fuerza extraña en ellas,

como si los muertos surgieran por su savia

y echaran a través de los colores y el aroma

su clamor al viento de hélices violentas.



Yo recojo la simiente que dejaron después de tanta

muerte.

La saco de las miasmas escondidas,

las limpio de ceniza, limpio la quemadura,

la restaño con mi llanto

que es el llanto de mi generación,

generación nacida en medio de la trampa

y la doy al viento de esta tierra oscura

para que la esparza en los surcos y germine

al calor de lágrimas de muchedumbres.



No se sabe dónde yacen muchos.

¿Qué importa?

¿Para qué saber un lugar preciso

si están en todas partes?

En todo punto de la isla están hablando siempre.

Dándonos fuerzas en la lucha.

Dándonos valor.

Dándonos la luz que necesitamos.



Porque su sangre no murió.

Su sangre cubrió las cordilleras,

las lomas,

las llanuras.

Bajaba con los ríos y arroyuelos,

alcanzó los villorrios miserables,

pasó a los pueblos,

llegó a las ciudades

gritando,

gritando,

gritando tan fuerte

que hizo del país un solo grito.



Se metió en las casas,

se sentó a las mesas,

se acostó en las alcobas

gritando,

gritando,

gritando libertad,

gritando libertad.

No se sabe dónde yacen muchos.

¿Qué importa?

¿Para qué saber un lugar preciso si están

en todas partes?

Están junto al hombre.

Junto al hombre que muere,

junto al hombre que lucha,

junto al hombre.

De su sangre brotó la esperanza para todos.

fruteció la lucha por una patria para todos.

¡Ay, de quien traicione la sangre

que trajo la semilla para todos.

Maldito el que traicione el sacrificio

de los hombres que murieron

por un futuro luminoso,

limpio y abundante para todos.

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"Benjamin de los Poetas de America"